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Fortalecer las asociaciones para mejorar el territorio

Escuchar activamente, reforzar sus estructuras, conectar a las personas y organizaciones clave y movilizar recursos para activar el potencial de la comunidad
21 de julio de 2026 por
Julio Huerta Balastegui

Julio Huerta es Director de la Fundació Horta Sud, y Director Técnico del Programa de Fundaciones Comunitarias de la Asociación Española de Fundaciones (AEF).

En tiempos de creciente incertidumbre, crear espacios para encontrarnos adquiere un significado especial. Escuchar otras experiencias, cuestionar nuestras propias prácticas y pensar colectivamente nos permite ampliar la mirada, fortalecer vínculos y recordar que ninguna iniciativa, grupo u organización enfrenta estos desafíos en solitario. Con este espíritu se llevó a cabo el Encuentro Virtual 2026 de Connecting Communities in the Americas (CCA), “Moldeando futuros democráticos, cultivando esperanza”.

Ninguna entidad por sí misma podrá afrontar los retos que nos ocupan en el territorio. Frente a la polarización, las desigualdades, el cambio climático, la pérdida del espacio cívico o la incertidumbre política, la confianza no es sólo un valor deseable, sino una condición indispensable para crear comunidad y sostener la acción colectiva. Son las relaciones de confianza las que permiten a las comunidades continuar organizándose, responder a los retos y construir soluciones desde sus propios territorios.

En nuestros territorios ya existe un montón de organizaciones actuando. Reconocer lo que hacen y lo que son es el punto de partida.
Las fundaciones comunitarias son organizaciones que trabajan desde el territorio para movilizar recursos, generar confianza y conectar a personas, instituciones y entidades con el objetivo de mejorar la vida colectiva. Pero su valor no sólo se basa en los recursos que gestionan, sino sobre todo en las capacidades que desarrollan para activar el potencial de la comunidad.

Éste es el papel del movimiento de Fundaciones Comunitarias que se está creando en el Estado Español y con más de 2.000 Fundaciones Comunitarias en el resto del mundo. Y estas son las capacidades que debemos trabajar:

La escucha activa: el punto de partida de toda acción comunitaria


La primera capacidad es la escucha. 
No se trata simplemente de recoger opiniones o realizar consultas puntuales, sino de adoptar una actitud permanente de proximidad y comprensión de la realidad social. 
Sin escucha no hay relación. 
Sin relación no existe comunidad. 
Las relaciones de confianza y complicidad son las que hacen posible el cambio social. 
La escucha implica saber interpretar lo que la comunidad expresa, devolver esta interpretación para que sea compartida y construir conjuntamente un relato sobre los retos y oportunidades del territorio. También implica ceder poder y reconocer que el conocimiento está distribuido entre muchas personas y colectivos. Las fundaciones comunitarias ejercen esta capacidad creando espacios de diálogo, identificando recursos locales y ayudando a la propia comunidad a detectar sus fortalezas y necesidades. La escucha permite entender qué preocupa a la ciudadanía y qué soluciones pueden surgir desde el mismo territorio.

Reforzar las asociaciones locales: construir capacidad colectiva


Una fundación comunitaria no transforma el territorio actuando sola. 
Lo hace ayudando a la comunidad a reconocer su propia fuerza, a organizarse mejor y a construir respuestas colectivas.


En nuestros territorios ya existe un montón de organizaciones actuando. Reconocer lo que hacen y lo que son es el punto de partida. Las asociaciones son una infraestructura social imprescindible, porque son espacios de participación, ayuda mutua y generación de capital social.

La acción de una fundación comunitaria no consiste en substituir a estas entidades, sino en ayudarlas a crecer. Esto implica proporcionar formación, recursos, reconocimiento público de su trabajo y espacios de colaboración. Fortalecer a las organizaciones significa aumentar su autonomía y capacidad de incidencia, significa crear redes de complicidad.

Ejercer el liderazgo comunitario: conectar actores e impulsar cambios

El liderazgo comunitario no se impone, sino que se construye a partir de la confianza y legitimidad que la comunidad otorga. Una fundación comunitaria ejerce liderazgo cuando es capaz de conectar a personas, asociaciones, empresas y administraciones para afrontar retos compartidos. Actúa como un espacio neutral en el que diferentes actores pueden encontrarse, dialogar y construir proyectos comunes.

Impulsar la filantropía comunitaria: movilizar recursos para el bien común

La filantropía comunitaria moviliza dinero, tiempo, conocimiento, relaciones y otros activos locales para generar impacto colectivo. La fundación crea confianza para que personas, empresas e instituciones participen activamente en la construcción del futuro de la comunidad.

Las capacidades de una fundación comunitaria –escuchar, reforzar y liderar– constituyen un proceso interconectado. La escucha genera confianza; la confianza permite fortalecer a las organizaciones; y el fortalecimiento del tejido asociativo crea las condiciones para que emerja un liderazgo legítimo y transformador.

En definitiva, una fundación comunitaria no transforma el territorio actuando sola. Lo hace ayudando a la comunidad a reconocer su propia fuerza, a organizarse mejor y a construir respuestas colectivas a los retos que comparte.