Julio Huerta es Director de la Fundació Horta Sud, y Director Técnico del Programa de Fundaciones Comunitarias de la Asociación Española de Fundaciones (AEF).
En tiempos de creciente incertidumbre, crear espacios para encontrarnos adquiere un significado especial. Escuchar otras experiencias, cuestionar nuestras propias prácticas y pensar colectivamente nos permite ampliar la mirada, fortalecer vínculos y recordar que ninguna iniciativa, grupo u organización enfrenta estos desafíos en solitario. Con este espíritu se llevó a cabo el Encuentro Virtual 2026 de Connecting Communities in the Americas (CCA), “Moldeando futuros democráticos, cultivando esperanza”.
Ninguna entidad por sí misma podrá afrontar los retos que nos ocupan en el territorio. Frente a la polarización, las desigualdades, el cambio climático, la pérdida del espacio cívico o la incertidumbre política, la confianza no es sólo un valor deseable, sino una condición indispensable para crear comunidad y sostener la acción colectiva. Son las relaciones de confianza las que permiten a las comunidades continuar organizándose, responder a los retos y construir soluciones desde sus propios territorios.
En nuestros territorios ya existe un montón de organizaciones actuando. Reconocer lo que hacen y lo que son es el punto de partida.
La escucha activa: el punto de partida de toda acción comunitaria
No se trata simplemente de recoger opiniones o realizar consultas puntuales, sino de adoptar una actitud permanente de proximidad y comprensión de la realidad social.
Sin escucha no hay relación.
Sin relación no existe comunidad.
Las relaciones de confianza y complicidad son las que hacen posible el cambio social.
La escucha implica saber interpretar lo que la comunidad expresa, devolver esta interpretación para que sea compartida y construir conjuntamente un relato sobre los retos y oportunidades del territorio. También implica ceder poder y reconocer que el conocimiento está distribuido entre muchas personas y colectivos. Las fundaciones comunitarias ejercen esta capacidad creando espacios de diálogo, identificando recursos locales y ayudando a la propia comunidad a detectar sus fortalezas y necesidades. La escucha permite entender qué preocupa a la ciudadanía y qué soluciones pueden surgir desde el mismo territorio.
Reforzar las asociaciones locales: construir capacidad colectiva
Una fundación comunitaria no transforma el territorio actuando sola.
Lo hace ayudando a la comunidad a reconocer su propia fuerza, a organizarse mejor y a construir respuestas colectivas.
En nuestros territorios ya existe un montón de organizaciones actuando. Reconocer lo que hacen y lo que son es el punto de partida. Las asociaciones son una infraestructura social imprescindible, porque son espacios de participación, ayuda mutua y generación de capital social.
La acción de una fundación comunitaria no consiste en substituir a estas entidades, sino en ayudarlas a crecer. Esto implica proporcionar formación, recursos, reconocimiento público de su trabajo y espacios de colaboración. Fortalecer a las organizaciones significa aumentar su autonomía y capacidad de incidencia, significa crear redes de complicidad.